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El perdón es poder

La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo les hiciste sentir

Maya Angelou

La ofensa

Hay algo que lleva atormentandome por años, no estoy segura cuando empezó, por qué pasó, cuánto tiempo se prolongó, ¿tenía yo, 15 o 17 años? ¿qué exactamente fue lo que hice para que me trataran así?  ni siquiera estoy segura si fue tan grave como para que me haya impactado de esa manera. Pero lo que si estoy completamente segura es que ese un algo con que he tenido que lidiar, luchar, llevar a la espalda, cada día de mi vida, en cada pequeña acción que hago, cada vez que miro al espejo, cada vez que fracaso, especialmente cada vez que fracaso. 

La respuesta del porque es una larga pausa silenciosa, probablemente nunca sabré la respuesta, probablemente esas personas ni siquiera saben sus propias respuestas. Probablemente desconocen las consecuencias de sus actos. Y es algo que me ha quitado mi gran deseada paz.

No fué hasta que salí de ese ambiente, cuando pude hablarlo por primera vez en voz alta. La voz temblorosa, los quiebres de voz, la vergüenza que hierve en el estómago, los llantos escapando por tus ojos,  y mucho, pero mucho dolor, ese dolor que no se puede señalar, que no se puede medir, que nadie puede observar lo peligroso, y grave que es. Solo uno mismo lo puede sentir, como un no muy amigable-medio satanico-muy malvado-sofocante amigo imaginario. 

Creo que lo peligroso de hablarlo, es lo manera en como otros responden a tu dolor. En la manera en que disminuyen algo que es demasiado grande y pesado para que quepan en tu cuerpo.  Recuerdo que después que pasó uno de esas situaciones, que veía como estúpida, mínima, pero que ha esculpido mucho de como me veo a mi misma a la largo de los años (así que no es para nada la forma mínima en que lo veía). Corrí hacia mis amigas, les conté que había pasado mientras trataba de aguantarme en llanto, con un dolor sofocante en el pecho que no me permitía explicarlo del todo bien, estado en shock quizás, estado de asombro de que alguien te pueda hacer sentir de esa manera tan sucia y pequeña. Sus respuestas fueron estas palabras retumbantes que mi mente ha guardado por años con sus voces, a pesar que no he escuchado sus voces en años ‘no le pares, no es para tanto!’.

Ninguna pasó mucho tiempo deteniéndose, estábamos en una fiesta, la idea era seguir bailando. ‘Igual’  pensé secandome las lagrimas ‘no es para tanto’. Recuerdo mientras me decían esos insulsos consejos, deseaba que me hubieran golpeado, que hubieran dejado un ojo morado, sangrando, para tener evidencia con que señalar. Deseaba lo peor para mi, para que lograran creerme.  Y lo he hecho, he buscado situaciones peligrosas para mi, para que lograran creerme. Me ha matado de hambre, me he lesionado a mi misma, he perdido oportunidades buenas para mi, he arruinado mi vida, he ignorado mis capacidades, para que alguien lograra creerme. 

‘El abusó de mí, me golpeó, me venció, y robó’

— Y aquellos que albergan tales pensamientos el odio nunca cesará

‘El abuso de mí, me golpeó, me venció, y robó’

— Y en aquellos que no albergan tales pensamientos el odio cesará

(Dhammapada 1.3-4; trans. Radhakrishnan)  Budismo

Perdona a los otros, no porque merecen el perdón, sino porque tu mereces la paz

Jonathan Lockwood Huie

Empapada en todo ese veneno, recibí un gran consejo de mi madre, que es tan simple como valioso ‘Para sanar hay que perdonar a las personas que te hicieron daño’. La primera vez que lo oí, no podía creer lo que estaba oyendo. ¿después de como me hicieron sentir acerca mi misma? ¿después de todo lo que he vivido gracias a ellos? ¿cómo puedo perdonar yo a seres que solo han prácticamente destruido mi autoestima y ser? preguntaba con rabia, con furia. Pero era una idea simple, mi mamá me explicó su concepción de perdonar ‘perdonar es retomar tu poder, ese mismo que siempre te perteneció a ti’.

¿..pero, qué es el perdón?

El perdón es disculpar a otro por una acción considerada como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden mas o menos afectadas.

Y lo que decia tenia sentido, aun cuando no lo veía en ese entonces. La ofensa se estanca, y crea mucho dolor, que no es más que resentimiento, y darle poder a esas acciones, comentarios, y hechos, estos estaban acabando conmigo misma. Yo estaba acabando conmigo misma. Yo me causaba daño a mi misma una y otra vez a partir de ellos. Como una herida que yo seguía abriendo y abriendo. 

 El perdonante no «hace justicia» con su concesión del perdón, sino que acata la justicia al renunciar a la venganza, o al justo castigo o compensación, en aras de intereses superiores. El perdón no debe confundirse con el olvido de la ofensa recibida. Tampoco perdona quien no se siente ofendido por lo que otras personas consideran una ofensa. Tampoco perdona quien deja de sentirse ofendido tras las explicaciones del presunto ofensor que hacen ver la inexistencia originaria de ofensa alguna. 

No me creía Padre Católico como para ir expiando sus pecados o juez para sentenciar, tampoco pensaba que sus acciones eran tan importantes como para exigir un perdón. Pero me dí cuenta que mientras más practicaba este perdón, menos fuerza y poder tenían sobre mí. Y no hablo del perdón como una virtud divina y suprema, no soy ángel ni santa, y no busco serlo. Lo hablo en la forma de extracción, de reducción. ‘si no perdonamos, continuamos creando una identidad alrededor de nuestro dolor, y esta es la que renace continuamente, esta es la que sufre’.

Para mi el perdón es la acción de eliminar respuestas destructivas causadas por pensamientos y sentimientos negativos hacia quienes han infringido una ofensa o un mal acto en contra nuestra, renunciando ante todo al deseo de venganza, renunciado que tengan poder sobre nosotros. La cual es todo un proceso, e implica tiempo. Puede ser años o décadas, es un trabajo activo.

Qué no es el perdón

Perdonar no es olvidar

Está claro que por más que queramos olvidarlo o ignorarlo, no va a pasar. Cuando tú perdonas, eres libre de decidir si retomarás nuevamente una relación con quien te ofendió. Al no olvidar, puedes protegerte. Pese a que no guardes ningún rencor, tienes derecho a tomar medidas que eviten en lo posible un nuevo ataque en tu contra.

Perdonar no es reconciliación

Recuerda que el perdón simplemente es abandonar la idea de un comportamiento destructivo hacia el ofensor. En otras palabras, es un proceso interior que debes completar tú mismo en tu interior. No interesa lo que pase allá afuera. Si no quieres reconciliarte, no lo hagas.

Perdonar no es renunciar al deseo de justicia

Cuando alguien te ofende de una manera grave, quizás irreversible, esa persona debe pagar por su error ante la ley o ante el karma, ante el Universo, ante lo que sea.

Si la ofensa no es tan terrible, es decir, no hay un proceso legal establecido que la abarque, no tienes tú que encargarte de hacer que el ofensor pague. Perdona y suelta.Creas en Dios o no, jamás deberías desearle mal a otro ser vivo, así tengas toda la razón del mundo. En cierto modo, buscar justicia divina es querer que el otro afronte una desgracia; analízalo y no lo hagas.

No seré triunfada

Cleopatra

El fin del perdón es restaurar la paz. Sanar una herida impregnada de resentimineto, dolor o venganza. Perdonar no es olvidar, disminuir el dolor. Es hacer pases con uno mismo. No perdonar, airear, no hablarlo es entregar el poder de uno mismo. El poder de decidir sobre uno mismo, es apagar esas voces que gritan, poco a poco, hasta que se hacen completamente silenciosas.

Perdonar es poder. Luego de tres años desde la primera vez que hablé, me he dado cuenta como van perdiendo poder dentro de mi. Como ya no me creo las palabras que me gritan, como ya no me creo las crueles ofensas. Perdonar me ha recordado que yo tengo el poder sobre mi, es lo mejor que he hecho para mi, y ese es mi pequeño triunfo, mi pequeño orgullo. Nadie decide sobre mi.

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