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Cuando estar bien es dejar de mejorar

Cualquier secuencia de acción mental que se ha repetido con frecuencia tiende a perpetuarse a sí misma. De modo que nos sentimos automáticamente impulsados ​​a pensar, sentir o hacer lo que antes estábamos acostumbrados a pensar sentir o hacer, en circunstancias similares.

William James 

Hace poco obtuve mi primer trabajo, ese primer trabajo que obtienes por tu propia y única cuenta. De esos que no tiene nada que ver con lo que estudiaste, los que no posees ningún contacto, de esos que no te lo dieron por tus padres. Recuerdo que la entrevista fué rápida, tuve que improvisar mis dotes artísticos, modificando un poco mi experiencia para no decir que mentí descaradamente. Empecé con muy bajas expectativas, quizás no habían creído en mi actuación, casi me daba igual si me lo dieran o no, pero para mi sorpresa al final de la entrevista me dijeron que empezaba al día siguiente. 

Esa misma noche estaba hablando con mi hermano, y le dije nerviosa ‘¿y qué pasá si todo me sale mal?

‘¿por qué tienes que pensar así?’ me pregunto curioso. ‘estás empezando en algo que nunca habías intentado antes, y ya piensas que te va a salir mal’

Sin explicación lógica o método que lo sustente, inventando mi propia diagnóstico le comenté que tengo ansiedad generalizada de mi propia vida.

A él le pareció lo más tonto, victimizante, lleno de excusas que haya podido escuchar en su vida. Pero al final es mi vida, y mi estupido e ilogico diagnóstico.

Para mi no sorpresa la primera semana fue un mini inferno. El manager pudo comprobar que a pesar que era muy buena exagerando mis dotes profesionales, era pésima en este trabajo que antes veía tan simple. Más tarde me confesó que había pensado en despedirme ese primer día, y que lo detuvo fue mis ganas de seguir, seguir aprendiendo y seguir equivocandome, aún más mis ganas de seguir equivocandome. 

En esa primera semana infernal y frustrada adquiriendo un nuevas habilidades, recordé lo que había leído en clase ya hace algún tiempo. 

La ‘meseta OK’

En la década de 1960, los psicólogos identificaron tres etapas por las que pasamos en la adquisición de nuevas habilidades. Comenzamos en la «fase cognitiva», durante la cual estamos intelectualizando la tarea, descubriendo nuevas estrategias para desempeñarnos mejor y cometiendo muchos errores. Nos estamos centrando conscientemente en lo que estamos haciendo.

Luego entramos en la «etapa asociativa», cuando cometemos menos errores y gradualmente mejoramos.

Finalmente, llegamos a la «etapa autónoma», cuando activamos el piloto automático y trasladamos la habilidad a la parte posterior de nuestro proverbial archivador mental y dejamos de prestarle atención consciente. … esta es la «Meseta OK», el punto en el que decides que estás de acuerdo con lo bueno que eres en algo, enciendes el piloto automático y dejas de mejorar. Haces lo mismo una y otra vez.

Quiero compartir estas pequeñas lecciones que aprendí de mi primera semana de trabajo.

Antes de siquiera empezar el trabajo, mi cabeza automáticamente se dirigió a esa zona oscura que evalúa mis propias capacidades, de cómo habían salido circunstancias similarmente situadas, y la verdad es que había salido mal, había salido pésimo, me había metido en problemas enormes al tratar de empezar algo nuevo, de tratar  de hacer algo diferente, algo radical, algo que nunca había hecho. Y creo que es normal terminar por pensar así. Asustada de que vendrá por mi. Eso ya se había repetido con frecuencia, por eso era normal para mi pensar, sentir y ser así.  

Luego de aquella semana infernal, en donde casi llaman al manager para botarme, y lloré hasta no poder más. pensaba que mi cabeza tenía la razón, razón que soy una incapaz de hacer las cosas bien. Eso es lo que mi cabeza estaba automáticamente entrenada a pensar, pensé en darme por vencida. Pero mi cabeza también está automáticamente preparada en no rendirse, al menos tan fácil.

Me dí una charla interna, y la verdad es que estaba empezando algo nuevo, algo que nunca había intentado antes. Mis compañeros tenían 30 años haciendo este trabajo día tras día, yo por mucho 5 días. Tenía que tomar la decisión de dejar de pensar automáticamente y dudar de mis capacidades, porque eso no me llevaría a ningún lado, más que caer en este ciclo constante e infinito en donde mi cabeza tenía la razón. Quizás lo más valiente que podía hacer es en admitirme a mí misma y cederme errores, errores eso que aparentemente odia todo el mundo, para poder mejorar, para poder aprender. Pensar y caer en el pensamiento automático es limitante, nuestro cerebro le gusta asociar, le gusta protegerse a sí mismo, pero eso no quiere decir que la protección sea lo mejor para nosotros.

Algo que quizás no nos enseñan es que en donde hay progreso hay error, en donde hay aprendizaje hay falla. Y quedarse viendo demasiado tiempo y sobre analizando la falla es lo que nos frustra, lo que hace daño al espíritu, a la autoestima. El error existe  para evidenciar que estamos aprendiendo, lo queramos así o no. En el momento en que no progresamos es donde caemos en el pensamiento automático, que acaba con lo que somos, que nos limita hasta asfixiarnos. Un mes después he decidido hacer las paces con los errores, prefiero una falla antes de limitar mi progreso ¿y tu? 

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