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La belleza apartir de los lugares rotos: el arte del kintsugi

La herida es el lugar por donde entra la luz

Rumi

Mi cuerpo puede contra miles de historias a través de las cicatrices, quizás cuanta toda mis historias. Como aquella vez que estaba corriendo tan veloz para que no me atraparan, que termine enredándome con las piernas de otra niña, callendome el suelo y creando una feísima herida en las rodillas, de esas que llenan toda la pierna choreando de sangre y casi se ve el hueso, bueno de esas. O las cicatrices de mi barriga debido a una operación de urgencia para salvar mi vida.

Me ha caído tanto que formó cicatriz encima de otra cicatriz. Mis rodillas están llenas de ellas, no hay ni un huequito que esté limpia.

Algo que me fijo obsesionadamente es en las rodillas de los demás, me pregunto qué pacto hicieron con Dios como para que nunca hayan caído y tengas las rodillas finas y limpias de cicatrices.  Pero con el tiempo me he dado cuenta que cuento historias de sanación a partir de ellas. (Algo que no pueden hacer las personas con rodillas lisas, por lo menos). Porque  Algunos ven la belleza en los lugares rotos … otros hacen la belleza apartir de los lugares rotos.

Recuerdo que hace tiempo leí acerca de la técnica japonesa para reparar la cerámica rota. Es conocida como kintsugi. que traducido, significa «carpintería dorada» o «remendar con oro». Es una técnica que une la cerámica rota con oro, mejorando las roturas. No desechando toda la cerámica, no evitando que se vea rota, sino demostrando que hubo una ruptura que se pudo enmendar.

Todo empezo en el lejano Oriente cuando a shogun Ashikaga Yoshimasa, se le rompio su artesanía favorita para la ceramonia del té, muy apegado a ese objeto indispensable, lo mandó a arreglar a China, donde se limitaron a asegurarlo con unas grapas. No contento con el resultado, el señor feudal recurrió a los artesanos de su país, que dieron finalmente con una solución atractiva y duradera. Mediante el encaje y la unión de los fragmentos con un barniz espolvoreado de oro, la cerámica recuperó su forma original, si bien las cicatrices doradas son visibles, y transformaron su esencia estética, y evocan el desgaste que el tiempo obra sobre las cosas físicas, es la representacion de la transformación de la identidad y el valor que adquirimos debido a la imperfección.

La técnica también es una filosofía de vida: que uno debe tratar la rotura y la reparación como parte de la historia de un objeto, en lugar de disfrazarla. 

Así que, en lugar de disimular las líneas de rotura, las piezas tratadas con este método se exhiben las heridas de su pasado, con lo que adquieren una nueva vida. Se vuelven únicas y, por lo tanto, ganan en belleza y profundidad. Se da el caso de que algunos objetos tratados han llegado a ser más preciados que antes de romperse. Así que esta técnica se ha convertido en una potente metáfora de la importancia de la resistencia y del amor propio ante las adversidades.

Pero es un proceso…

En el kintsugi, el proceso de secado es un factor determinante. La resina tarda semanas, a veces meses, en endurecerse, pero eso lo que garantiza su cohesión y durabilidad. La sanación no es una pastilla que te tomas, no es algo que ocurre de la noche a la mañana. La sanación es un proceso activo que debemos aplicarnos en nosotros mismos para volver nuestras heridas, cicatrices y de nuestras cicatrices, una historia de superación para contar.

Para Kafka la capacidad de saber sufrir y de tolerar infortunios, era la clave para afrontar cualquier situación. Un día, mientras paseaba con un amigo, le dio este consejo: “Hay que dejarse llevar por todo, entregarse a todo, pero al mismo tiempo conservar la calma y tener paciencia. Solo hay una forma de superación que empieza con superarse a sí mismo.Tenemos que absorberlo todo pacientemente en nuestro interior y crecer”.

Esta es una filosofía que debemos aplicar a nuestras vidas, no solo a nuestras posesiones. No debemos avergonzarnos de nuestras partes rotas, sino inspirarnos en ellas. Porque hemos roto, pero no nos hemos deshecho. Somos más valiosos por nuestras experiencias y más fuertes y más hermosos en los lugares donde hemos experimentado el dolor.

Las siguientes imágenes son de la artista freelance Charlotte Bailey , en donde se aplica la técnica de bordado a mano. Ella ha tomado la técnica para dar un paso más, sin embargo, y agrega su propio estilo.

Mi versión de tela – ¡Sin pegamento en absoluto! – Combínelo para encontrar el jarrón roto con piezas de tela, cuidadosamente remendadas y resaltadas con hilo metálico dorado. Envuelvo las piezas en tela antes de que comience el ensamblaje, después de lo cual se cosen cuidadosamente las «costuras» de oro.

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